miércoles, 9 de marzo de 2011

Cuaresma 2011

“Conviértanse porque el Reino de Dios está cerca” (Mt. 4,17).

Queridos hermanos y hermanas, (lectores de nuestro Blog) les saludo deseándoles la gracia y el amor que Jesús vino a traernos con el anuncio del Reino y con su muerte y resurrección.

Iniciamos el santo tiempo de la Cuaresma, camino hacia la Pascua. Desde el miércoles de ceniza todos recibiremos un renovado y fuerte llamado a la conversión. Quien acepta este llamado y cambia de vida “va recuperando la inocencia de la mirada y, con ello, la confianza y la disposición para vivir encomunión con Dios y con el prójimo, para ser testigos y servidores de la reconciliación, con la misión de ser constructores de la paz y fermento de un mundo más justo”.

Las prácticas cuaresmales del ayuno, la abstinencia, la oración, la limosna, y todos los sacrificios propios del tiempo de Cuaresma, hemos de hacerlos con libertad y gozo interior, no a la fuerza ni de mala gana; no apegándonos a la ley por la ley, sino incluso yendo más allá de la ley, con un amor creativo para descubrir lo que personalmente cada uno puede hacer para apoyar su propio proceso de conversión y su crecimiento en el amor a Dios y a su prójimo. Nadie crea que por sus sacrificios se va a ganar el perdón de Dios, pues “quien pretende merecer el perdón de Dios por sus obras de penitencia es fácilmente engañado nuevamente por el mal y los frutos de este engaño se manifiestan en la dureza de corazón, en el juicio despectivo de las personas y en la soberbia de sentirse merecedores de todo y moralmente superiores a los demás”.

El llamado a la conversión de este tiempo de Cuaresma es para todos: nadie es tan bueno que no necesite conversión, y nadie es tan malo que no pueda arrepentirse y encontrar el perdón de nuestro buen Padre Dios. Cuando los hombres vuelvan a poner a Dios en su corazón; cuando dejen de servir al dinero y de buscar el placer sin límites; cuando cada uno considere su cuerpo como templo del Espíritu y considere a su prójimo en su dignidad de hijo de Dios, entonces la violencia de todo tipo terminará. Quien se convierte a Dios encuentra la paz interior y ofrece la paz a quienes les rodean. “Reconciliados con Dios y con el prójimo, los discípulos somos mensajeros y constructores de paz y, por tanto, partícipes del Reino de Dios”.

La inmensa mayoría de los cristianos hemos sido bautizados en nuestra primera infancia, casi recién nacidos. Fuimos bautizados en la fe de nuestros padres y en la fe de la Iglesia. Cada año, durante la Cuaresma, algunos adultos se preparan intensamente para ser bautizados en la noche de Pascua. En esa misma noche santa todos somos invitados a renovar las promesas bautismales, como culmen de nuestro camino cuaresmal. El Papa Benedicto XVI nos habla de esto en su mensaje cuaresmal con las siguientes palabras: “El hecho de que en la mayoría de los casos el Bautismo se reciba en la infancia pone de relieve que se trata de un don de Dios: nadie merece la vida eterna con sus fuerzas. La misericordia de Dios, que borra el pecado y permite vivir en la propia existencia “los mismos sentimientos que Cristo Jesús” (Flp 2, 5) se comunica al hombre gratuitamente”.

El Bautismo y la conversión son conceptos inseparables, pues la conversión lleva al Bautismo y el ser Bautizado lleva a una vida de conversión continua. Entendida así, la conversión es la dinámica de toda vida auténticamente cristiana, es el dinamismo que conduce a la santidad de vida. El Bautismo se hace actual en cada Confesión, en cada Comunión, y en cada momento en el que nos abrimos a la Gracia del amor de Dios. Dice el Papa en su mensaje: “El Bautismo, por tanto, no es un rito del pasado sino el encuentro con Cristo que conforma toda la existencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversión sincera, iniciada y sostenida por la Gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo”.

Jesús, el Señor, quiso ser bautizado por Juan el Bautista, demostrando así que no se avergüenza de llamarnos hermanos. El se bautizó para iniciar con humildad su vida pública, predicando así con el ejemplo. Bajó al agua para darle a este signo validez, la cual quedó refrendada por su muerte y resurrección. Fue hasta el momento en que estaba apunto de ascender a los cielos, cuando envió a sus discípulos a bautizar a los creyentes en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Finalmente el Papa relaciona el Bautismo con los elementos propios de la espiritualidad cuaresmal, cuando dice que: “el encuentro personal con nuestro Redentor y mediante el ayuno, la limosna y la oración, el camino de conversión hacia la Pascua nos lleva a redescubrir nuestro Bautismo”.

Les deseo que la vivencia cristiana de esta cuaresma traiga la paz al interior de cada corazón, paz a la intimidad de cada familia, paz a nuestras calles y caminos, paz que brota del amor y la justicia. Demos muerte al pecado y dejemos que viva todo ser humano. Que la Madre de Jesús nos acompañe en este camino cuaresmal.

jueves, 3 de marzo de 2011

Visita Canónica Kenia


El día de ayer por la tarde, nuestros hermanos: P. Valdo Feitosa, (Responsable Mayor), junto a Padre Adelio Pedro, (asistente general) han viajado a Kenia, para realizar la primera visita canónica en aquella Delegacion Regional.

La Visita Canónica es siempre un momento importante donde los Superiores, siguiendo nuestro Estatuto, animan carismáticamente a cada una de las Comunidades y realizan encuentros coloquiales con cada uno de los hermanos en particular, con las otras expresiones carismáticas de la Familia Religiosa, e con la Iglesia local.

La finalidad de esta visita es la de redimensionar la vita e la misión de nuestras Comunidades, además la de presentar el Plan General de los “Hijos de Santa Ana”, con todas las líneas de acción e formación por un cuadrienio. Además de todas estas experiencias de encuentro, formación, animación carismática -espiritual… se vivirá un momento muy especial: la primera profesión religiosa de ocho hermanos novicios. Estos hermanos profesaran en las manos de Padre Valdo.

En el Espíritu de Familia que nos une, oremos juntos a nuestro Buen Dios, para que por la intercesión materna di Santa Ana, su Hija María Inmaculada y Madre Rosa, esta visita, pueda ser un momento di gracia e bendición para esta Delegación africana, y para toda nuestra Asociación.

sábado, 1 de enero de 2011

2011

Estamos en vísperas de un nuevo año… por supuesto que es relativo, dada las diferencias de horarios algunos recibirán el 2011 primero que otros. Pero como Dios no tiene tiempo, sabrá escuchar los buenos deseos que en todas partes del mundo se deseen sus hijos queridos.

Pero también, Dios sabrá escuchar los corazones silenciosos que en la soledad acurrucan un recuerdo y lo convierten en una oración. Para ellos, para tantos que sufren quisiera que un ángel les dijera al oído, con música celestial, aquella frase de Santa Teresa de Ávila: “Solo Dios basta”. Así es, porque si el corazón lleva a Dios dentro podrá brillar en medio de la oscuridad de la noche, salir adelante a pesar de la injusticia y no sucumbir por la miseria humana.

En víspera de este nuevo año que se avecina, escuchen los corazones que “Solo Dios basta”; no hace falta la fanfarria ni la música escandalosa, ni la compañía de multitudes ni vestidos esplendorosos… porque sólo con EL prevalecerá la fe y la esperanza.

Y con el “Sólo Dios basta” de Santa Teresa (el cual me quiero apropiar), elevo la mirada al Cielo para agradecer. Agradecer por aquello que he aprendido que “Dios de un mal saca un bien mayor” y como he repetido tantas veces este año, El “no tiene tiempo, sino un proyecto de AMOR”. Entonces no hay pruebas sino oportunidades de crecimiento.

De todos modos agradezco todo lo que perdí y gané; lo que reí y lloré; lo que esperé y recibí; lo que aprendí y enseñé; lo que caminé… y aún camino.

A todos los lectores de este blog de los Hijos de Santa Ana, deseo que la con la gracia y el Amor de Dios sigamaos haciendo camino, y que este nuevo año que hoy iniciamos sea un tiempo de grandes realizaciones ya sea a nivel personal, profesional o a nivel familiar. Qu el Dios de la vida bendiga nuestras vidas a lo largo de estos 365 dias de este nevo año.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Ordenacion presbiteral de Rafael

Gracias Señor, por consagrarme sacerdote “ad aeternum”

“Quiero ser como Tú, trigo y vino, y ser ofrecido para que venga tu Reino”

En esta frase quiero sintetizar mi inmensa gratitud a Dios, autor de mi vida y vocación, que me ha elegido para consagrarme en el Sacerdocio Ministerial, y configurándome día a día a Cristo, en el sacrificio eucarístico y en el servicio, a tiempo completo, a la Comunidad eclesial. Si bien, durante este tiempo resonó en mí, el pensamiento “Quién soy yo, para que Dios deposite en mis manos tan sublime gracia?”; resonó aún con más fuerza en mi corazón, la voz de Dios que se fija en aquello que es débil y pequeño a los ojos del mundo, para revelarnos la grandeza de su amor: “Yo te elegí, no temas que Yo siempre estaré contigo”.

Esta fue la certeza que me acompañó durante la celebración de mi Ordenación Presbiteral el 25 de de Noviembre en la Parroquia “Exaltación del Señor” de la ciudad de La Paz; y en la mi Primera Eucaristía que presidí en la Iglesia “Virgen de la Candelaria” en Tupiza, mi ciudad natal.

De tantas personas que me hicieron sentir la cercanía de Dios y ayudaron a descubrir su voluntad en mi vida; quiero agradecer de modo especial a mis papás y hermanos por el cariño y confianza que depositaron en mí, a los Padres Redentoristas, que me acogieron en la parroquia para que pueda servir al Señor al pie del altar, como monaguillo, durante varios años, y que se convirtió en el lugar privilegiado para cultivar y madurar mi vocación.

¡Gracias! a Madre María Luisa, y en ella, a cada una de las “Hijas de Santa Ana”, que me acompañaron en mi formación religiosa, tanto en la Provincia “San José” de Bolivia, como en la de “Santa Rosa de Lima” en el Perú. Mi gratitud particular va dirigida a Hna. Betty Domínguez que me fui mi formadora en las primeras etapas de mi formación.

También doy gracias a P. Valdo y a cada uno de mis hermanos “Hijos de Santa Ana”, por su cercanía y gestos de fraternidad que me animan a buscar día a día hacer realidad el sueño que Madre Rosa tuvo para los “Hijos de Santa Ana”, vivir “llenos del amor de Dios…”.

Agradezco profundamente también a Mons. Edmundo Abastoflor, por haberme acogido y por acoger a mi Comunidad en la Arquidiócesis de La Paz; y por haber sido consagrado Diácono y Presbítero de sus manos.

Finalmente, confío mi sacerdocio a la materna protección de la Virgen María, la Hija de Santa Ana; y le pido me alcance la gracia de ser, en la humildad y administración de los Sacramentos: “Alter Christus”, en medio de los hermanos.

P. Rafael Villegas López hsa